El certificado de ahorro energético (CAE) no solo se basa en el cálculo del ahorro, sino también en la capacidad de demostrarlo de forma clara, continua y verificable. Para ello, el sistema exige lo que se conoce como trazabilidad documental.
La trazabilidad documental consiste en que todas las fases de una actuación de ahorro energético puedan seguirse cronológicamente a través de documentos oficiales coherentes entre sí. Cada dato debe poder comprobarse y encajar con el resto de la información aportada, sin contradicciones ni vacíos temporales.
En actuaciones de movilidad eléctrica, la trazabilidad documental se apoya en documentos como la factura de compra del vehículo eléctrico, la ficha técnica, el permiso de circulación, el justificante de baja definitiva o venta del vehículo antiguo y los documentos que acreditan la titularidad durante el periodo exigido. Las fechas, los titulares y los datos del vehículo deben coincidir en todos ellos.
Desde el punto de vista del verificador, la trazabilidad permite asegurar que el ahorro energético no es teórico, sino consecuencia directa de una actuación real. Cuando existen inconsistencias, documentos incompletos o saltos temporales injustificados, el expediente puede ser rechazado aunque el ahorro calculado sea correcto.
Además, una buena trazabilidad facilita auditorías posteriores y protege tanto al beneficiario como al gestor del CAE frente a posibles revisiones administrativas.
Por este motivo, mantener una documentación ordenada, completa y coherente es tan importante como cumplir los requisitos técnicos. Sin trazabilidad documental, el ahorro energético no puede certificarse dentro del sistema CAE.


